No hay que irse ni quedarse, sino resistir (se)
Juan Gelman

En el sexto congreso del Movimiento Giros decidimos darle fin al territorio rebelde y comenzar a construir el Territorio Insurgente. Después de haberse aprobado la ordenanza que prohíbe los barrios privados en toda la ciudad, vimos como la voracidad de los monopolios no tenia limites. Que la ley allí, no significa demasiado. Entonces, no nos alcanzaba. Ni con la ley estancada en sus propias palabras, ni con el territorio rebelde, estancado en su trabajo territorial que debe mostrar mucho más poder del que hoy muestra. Pero la respuesta no podía ser solo la mera reacción. “Cuidar un poco más”. Así que decidimos retomar lo que alguna vez postergamos: la construcción de Ciudad Futura. Perdón, de su primer paso: el Territorio Insurgente.

El territorio insurgente significa una y muchas cosas a la vez. Porque es uno, pero compuesto de muchos. Mejor aún, es uno donde caben muchos.

Más bien, es la defensa concreta del territorio ante el avance de los privados;

Es el primer núcleo de ciudad futura;

O la referencia practica sobre la alternativa política que queremos construir; esto es, poner la cabeza allí donde está el verdadero Poder.

También la expresión territorial de un modo de vida; Y la demostración de que, allí donde iba a haber alambres, hoy hay semillas;

Pero sobre todo, es la constatación de que las comunidades de la periferia no solo pueden tener otro rol en torno a la producción y la alimentación en la dinámica urbana del siglo XXI, sino que pueden ser mucho más. Pueden ser el modelo de autonomía en la construcción de sus vidas y en la vida de las ciudades.

En fin, el Territorio Insurgente puede ser definido como un territorio geopolítico de experimentación para las nuevas formas de vida propuestas por los movimientos sociales. Un territorio donde la autogestión significa la capacidad propia de construir un nuevo modo de vida, con la capacidad suficiente para incidir en el sistema político.

Significa, sin más, un proceso. Pero de los verdaderos. Los procesos que existen gracias a su integración dinámica entre las estrategias, el territorio y las contingencias que, en los conflictos reales, suelen ser cotidianas. Porque las contingencias solo existen bajo la condición de ser una expresión de una contradicción. En nuestro caso, las contingencias son expresión visible de la concentración de la tierra en mano de las corporaciones, y de la lucha incesante de un movimiento por la democratización de un bien común. En esas condiciones nos hicimos y en otro horizonte las transformamos.

Sin este factor, el 16 de diciembre, el capítulo final de los barrios privados hubiera sido un hecho también en las tierras que los monopolios ocupan. Pero no fue así. El primer paso hacia la “desprivatización” de la ciudad, se vio ante un nuevo reto: las topadoras y la judicialización del conflicto, a pocas horas de ser aprobada una ordenanza que decía, justamente, que ese reto no tenía más legitimidad legal.

¿Cómo se explica que siga sucediendo? Bueno, 18 concejales votaron a favor de la prohibición de los barrios privados, más de 90 periodistas de los principales diarios de la ciudad dieron su aval. La operación política y mediática, por ende, sería más difícil de lo normal. Entonces, el camino elegido fue el territorial, mediante la forma más tradicional. Los desalojos, la mentira, el asedio judicial, la persecución diaria a vecinos y vecinas.

La disputa volvió a hacerse carne en los territorios, al igual que otras veces: bajo dos expresiones antagónicas. Las topadoras conducidas por los indignos, frente a los cuerpos que, cansados de vivir en el desarraigo, decidieron un día levantarse.

Los mismos cuerpos que en 2008 explotaron de vergüenza al saber que sus tierras estaban incluidas en el plan urbano como zona para countries.

Los que en 2009 fueron presa de un triste episodio policial, para luego contarle a toda la sociedad que el 9% de lo que llamaban “la ciudad” pertenecía al mismo grupo económico. Que el 9% de la ciudad ya estaba privatizado, entregado.

Los cuerpos que le dieron final a la posibilidad de llenar de muros a la ciudad de rosario el 16 de diciembre de 2010.

Los mismos que le dieron nombre a una utopía llamada “Ciudad Futura”.

¿Como nace el territorio insurgente?

Pero esta vez, luego de 6 años de lucha y siendo los mismos cuerpos…hubo algo distinto. Siempre hay algo distinto. Esta vez, decidimos hacer lo que ya veníamos pensando pero que debía retrasarse constantemente por las dificultades que nos traían en el territorio las decisiones políticas que se toman “allá arriba”, en algunas secretarías del municipio, y en algunas oficinas de las corporaciones.

Es en la conjunción de una disputa, de una situación concreta en territorios concretos, de un momento político, y de una visión estratégica de la política para la construcción de un cambio social, donde hacemos nacer al territorio insurgente.

Porque las cosas cambiaron. Algo cambio en esos cuerpos que componen lo que llamamos Movimiento Giros. Más aun, algo cambio en la forma de ver a nuestros territorios rebeldes. Pudimos constatar que la desidia a la que arrojaron a los territorios quienes decidieron sacarse esta disputa de encima, sumado a la capacidad de las corporaciones para dominar el espacio y producirlo, daba como resultado la necesidad urgente de acelerar la creación de una nueva geografía política. A menos que quisiéramos jugar siempre desde una posición de debilidad y ser prontamente destruidos, avasallados por el poder privado que controla lo público.

No tenemos la menor intención de asimilarnos a quienes conciben a las ciudades como un lugar imposibilitado para una práctica política genuina. Esos que suelen ser llamados pesimistas, y con razón. Porque además, son pesimistas desinformados, carentes de conocimiento en las problemáticas reales que hacen a la ciudad lo que es. Esto, sin contar que a su vez, legitiman el discurso pro privatista. Si las ciudades no tienen futuro, ¿porque oponerse a los embates de los monopolios que gobiernan y convierten a las grandes urbes, en centros de poder político? Humildemente, desde nuestro lugar, no podemos dejar de pensar que cada territorio que ocupa una corporación, sea en el lugar que sea, es un paso atrás en la urgente y necesaria tarea de construir una experiencia política que transforme la vida de las “inmensas mayorías”, en palabras de un gran hombre como Antonio Gramsci.

Otros, menos pesimistas, más informados y críticos, reconocen una realidad. Saben de la nula existencia de espacios geopolíticos propios para los movimientos sociales, como también de la ausencia de instancias de autonomía en los territorios de las periferias urbanas. Una realidad insoslayable que tuvimos y tenemos que enfrentar.
En nuestro caso, creemos firmemente que esas condiciones pueden generarse, siempre que exista un problema real, en un territorio real, con una militancia real. Nadie puede arrogarse la potestad de saber dónde y cómo deben darse las luchas. Quienes se autodenominan como “campo popular” suelen ser los primeros en caer en la tentación. Así, un día la lucha está en la defensa de los trabajadores tercerizados. En otros momentos, son los hermanos de la comunidad Qom, para luego hacer un salto gigante hacia los más desprotegidos en capital federal, los sin techo. Todo ello, en el lapso de 2 meses. Nadie puede construir un territorio geopolítico propio bajo esta concepción. Nadie puede hacer una apuesta si el esquema militante dice que “hoy, la lucha esta en…”

Por ello, el territorio insurgente es resultado de un momento. Pasaron 10 años desde el 2001. En los años posteriores enarbolamos las banderas de la construcción de poder popular autónomo. Una motivación acertada (la construcción de instancias de poder popular legitimadas por los territorios en disputa y por quienes son el sujeto plural de una nueva transformación llamada cambio social, alejada de los dogmatismos), con un objetivo acertado (mostrar un poder distinto, ni más ni menos). Sabiendo que “mostrar” significa, entre otras cosas, visibilizar algo. Hacerlo público. Transparentarlo. Volverlo un conflicto identificable para una sociedad que, en definitiva, será la única capaz de hacer de un conflicto territorial, una experiencia mayoritaria. Anular la posibilidad de una guerra de aparatos, para abrir la intervención a muchos otros.

Si miramos mucho mas de la mitad del vaso vacio, es sencillo darse cuenta que todo esto no sucedió. Latinoamérica cambio, y mucho. Aparecieron preguntas por doquier. Preguntas que, en muchos casos, fueron contestadas con viejas respuestas. En otros casos, las experiencias desbordaron y hoy se debaten de cara al futuro, aunque con limites muy claros.

Pero es indudable que cambiamos el determinismo absoluto de los partidos tradicionales por la laxitud del “cambio social”, que puede ser definido y medido desde un emprendimiento productivo, hasta la modificación de un cántico para que se respeten los principios de la lucha de género. Un cambio grande, pero no por eso con características de empoderamiento.

El cambio social se convirtió en un horizonte interno, solo presente en la vida de los militantes. Una realidad paralela que, cuanto más compleja es su convivencia con la realidad política actual, menos incidencia tiene como posible alternativa.

El territorio insurgente también es el resultado de una disputa, una forma de llenar ese vació político práctico, el vacío de experiencias y referencias que muestren, efectivamente, un poder distinto. De allí su condición de punta de lanza para la construcción de la ciudad futura. De allí su rol como despliegue territorial. Como la única forma de afrontar la indiferencia de la vida política ante la ocupación y el saqueo total de las corporaciones en las ciudades de Latinoamérica y el planeta.

Por último: el territorio insurgente es el resultado del análisis concreto de una situación concreta y una visión estratégica en la construcción de un cambio social. En medio de grandes repliegues y despliegues, decidimos echar camino hacia la construcción concreta de Ciudad Futura, como la única forma de construir un poder distinto, que permita el autogobierno de los territorios en disputa. En palabras de Hernán Ouviña: apostar al fortalecimiento interno (a través de la creación y consolidación de espacios de autogobierno conectados orgánicamente a la vida cotidiana) y, por el otro, intentar generar de manera constante instancias de articulación y confluencia, en niveles que simultáneamente excedan y contengan la dimensión local y regional de sus luchas.

Estas dos premisas son parte de nuestra práctica hace tiempo. El Ya basta! es una prueba de ello. Sin embargo, hoy se vuelve necesario materializar un sueño.

De mas esta decir que “materializar” no significa la ambición repentina por los objetos, por “lo material” como el único estimulo para hacer política. Lejos estamos de eso, básicamente porque todo lo construido hasta hoy carece de beneficios materiales. Los “Estados” no han tenido en estos años la política de fortalecer territorios estratégicos de la ciudad, salvo con inversión privada. Vale decir que, producto de la lucha de 5 años, el olvido estatal se convirtió en abandono territorial. Lo cual hace necesario que quienes están allí en el territorio asuman dos tareas ineludibles: gobernar y gobernarse. Lejos de quitar esfuerzos en la tarea de exigir al estado que se ponga en el lugar que debe, no solo mediando en una disputa sino escuchando a quienes desean lo que el mismo estado debería desear: la justicia para los territorios, asumida por sus propios habitantes como un horizonte.

Por todo esto, territorio insurgente será un hecho, y queremos que todos lo escuchen, lo vean, lo sientan. Incluso el mismo estado, con el que hemos construido puentes que, en muchos casos fueron fructíferos y en otros no. Podemos hacerlo sin el, pero eso no depende de nosotros, sino de la voluntad política para un dialogo que no debería minarse por prejuicios y mezquindades.

Lo que sí depende de nosotros es esa construcción, que “será” de todas maneras, porque es justo y necesario que así sea. Y por ser justo y necesario, es fundamental construir una experiencia que no se agote en un espacio diminuto, sino que pueda irradiarse y ser un faro para el resto de los territorios existentes. Influir más allá de su lugar concreto, convidar una concepción del mundo y una forma de construcción política. La visión de una sociedad futura.

Una sociedad futura que se construye y se vive en el presente. Lo que llamamos Prefiguración. El cambio no está en este presente, donde la palabra humano no engloba ni siquiera a la tercera parte de la población. Por eso siempre decimos “No es lo que somos, sino adonde vamos”
.
Los Movimientos Sociales pensamos en cómo construir una utopía futura hoy. Que aquí y ahora, nuestros objetivos y nuestra visión de la sociedad estén vivos en los propios medios que usamos para vivir el cotidiano. Ese es el valor máximo de la Ciudad Futura. Su cambio más radical. Por eso la autonomía, por eso la autogestión. Porque construye sujetos capaces de transformar su vida y la de los demás, con el solo acto de levantarse contra las miles de injusticias que tocan sus cuerpos, hoy débiles ante tantos golpes.

Además de la capacidad para gobernar y gobernarse, el territorio insurgente debe marcar que la única forma de sobrevivir de la política es mutar en un proceso donde participen las mayorías, transformando el sentido común y las instituciones tradicionales, fundamentalmente las normas de las corporaciones locales/globales y su modo de vida. Se cambia todo, o no se cambia nada.

Para incidir políticamente, se debe mostrar el modelo que se propone, por más pequeña que sea su influencia, siempre y cuando se pretenda que esa influencia cale profundo en las inmensas mayorías. Aclarar, y aclararnos, qué es lo que está más allá del estado. Lo que hemos buscado siempre y aun no hemos encontrado.

El 17 de diciembre de 2010 se inauguro, sin saber, un nuevo rumbo. Con novedades, sensaciones, debates y definiciones. Con algunos proyectos, que también son la identidad del Movimiento, porque su lema principal es “Militancia, Ética y Territorio”. Son las tres palabras que mejor los representan. Como dicen los Patrulleros del Movimiento Giros, “empezar a construir en el territorio proyectos educativos, productivos y comunicacionales de escala, que al modelo de privatización de la periferia, antepongan la ciudad futura”.

Un contador de cuentos radiales decía que “el cariño por el lugar donde uno nace y en el cual ha decido morir, es similar al cariño que uno siente por su familia”.
Hasta entonces, habrá que enfrentarse a las corporaciones haciendo lo mismo que ellas, ocupando el espacio y produciéndolo, material y simbólicamente. O, más en criollo, habrá que patear el chancho, hasta que aparezca el dueño.

Las diferencias, ya las sabemos.

Desde el territorio insurgente, sembrando rebeldías y esperanzas
Movimiento Giros

PD: No tardará el día en el que nadie envidie a los que viven en la ciudad fragmentada, y donde nadie crea en otra cosa que no haga sonreír. Hay quienes dicen que en ciudad futura no habrá otra cosa que dormir, soñar, levantarse, luchar y ganar.

 

 
 

 
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