La realpolitik y los movimientos sociales
Este podría haber sido uno de los puntos más espesos, más densos y dificultosos de escribir teniendo en cuenta un contexto que tiene en si mismo estos mismos adjetivos. “Posicionarse” en lo que se conoce como la “realpolitik” suele ser complejo. Por lo menos para los que no vivimos de eso. Y para los que nos jugamos la ética a cada paso en nuestra construcción.
Pero ya dijimos tantas cosas antes, en todas las páginas anteriores, que quedó chica, casi de repente, esa pirámide del poder que, como bien decía Pasollini, es aparentemente monolítica por fuera y tremendamente imbricada en su interior. Con semejantes cosas dichas, y compromisos tomados, decir de/sobre la realpolitik es menos pesado para nosotros-ahora. Y no es la primera vez.
Nosotros le decimos realpolitik a “la política real”, la que existe hoy. La “realmente existente”. Mejor dicho, a lo que creemos que la mayoría entiende por política. Los políticos. El estado. Las elecciones.
Esa política que se auto asume como la del arte de lo posible, frente a la mera utopía, pero en la cual se terminan, la mayoría de las veces, definiendo “las cosas”. Y de la cual muchos, muchísimos, participan. Votando, criticando o impugnando. En cualquiera de ellas, prestándole atención.
Muy distinta, claro, a la política que hacemos nosotros. Muchas veces ya lo hemos dicho. Nuestra política está en otra parte, nuestra política es otro modo de vida. Militancia ética y territorio. Y muchas veces más hemos tratado de comunicárselo a otros, encarando grandes proyectos como la “La otra campaña”. Pero, así y todo, son muchos los que todavía piensan que la política está en un sólo lado y ese lado es el Estado. Los partidos. Las elecciones.
Y no está mal. Por algo todavía, a 10 años del 2001, el sistema político sigue tal cual ese mismo sistema explotó.
Se ve que nadie pudo o nadie quiso, armar un sistema distinto. Aunque son muchas las buenas experiencias, no pudimos/no supimos masificarlas. Por eso no está mal, que hoy la cosa siga como estaba entonces y muchos vuelvan a creer en este mismo sistema. El de la realpolitik que, por algo, es real.
Entonces así las cosas en nuestro país, hay muchos que piensan que la política pasa por la realpolitik y concurren entusiasmados a votar y hay otros, bastante menos hay que decirlo, que pensamos que hay más formas, más caminos. Que hay, en definitiva, otra alternativa.
Pero la idea, lejos de agudizar las diferencias, es encontrar caminos de diálogo. Que esas visiones no antagonicen y puedan construirse verdaderas alternativas para las mayorías.
¿Que debe hacer entonces un movimiento social que no se presenta a elecciones y que tiene otras prioridades de construcción política en los territorio, cuando las mayorías creen en que es por allí que pasa la cosa?
Semejante pregunta podría usarse de cierre para este extenso documento. Pero lejos de tener una respuesta clara, sí sabemos (estamos convencidos) de qué es lo que NO debemos hacer.
No podemos ser indiferentes ante aquellos que ven en alguna fuerza electoral alguna esperanza.
No podemos suponer que todos ellos están simplemente “equivocados” o “confundidos”, como ciertos iluministas con pocas luces pretenden alumbrar.
Eso es sin duda lo que no debemos hacer. Ser indiferentes y pretenderse superiores. Jamás. Nosotros acá, en los territorios, somos muy estrictos con eso.
Entonces bien, que queda. Unirse al que sintamos “menos peor” de todas las opciones. Tampoco.
Sí debemos tener la responsabilidad de señalar algunas cosas. Humildemente, con nuestra palabra empeñada. Los que practicamos política a diario, sobre todo en los territorios, aprendimos algunas cosas y vimos algunas otras. Vivimos la política de otra manera y creemos que esa experiencia no sólo debe servirnos a nosotros, sino que debemos acercarles esos elementos a otros. Para que conozcan, para que elijan. Nosotros sólo podemos hoy ofrecer un prisma. Un lugar desde donde mirar la realidad que nos rodea. Ni más ni menos.
Usualmente, las organizaciones discuten y definen, hacia su interior, que se hace en el cuarto oscuro. Excepto aquellas que presentan candidatos propios a los que votaran sus militantes, las que no los presentan, autónomas casi todas, deben tomar una decisión. En algunos casos, la mayoría, la decisión es impugnar. O introducir un voto reivindicativo. Giros lo hizo cuando llevo adelante La otra Campaña. En otros casos, se apunta al candidato que “mejor representa los valores tradicionales de la izquierda” .
Pero aquí no le estamos hablando a “la militancia”. Le hablamos a muchos que están más cerca o más lejos, pero están por ahí, y que cada vez que ven un cartel con cara sonriente y slogan, se preguntan “a quién votar, sin caer en el mal menor, ni en el conformismo y la pasividad”. De esos, hay muchos. Están cerca y, muchas veces, buscan una respuesta en nuestro Movimiento.
Y tener ese lugar construido, implica también una gran responsabilidad. Que decir, que no decir, importa y mucho. Por lo menos a nosotros y a algunos muchos-pocos que con oído sincero, como nuestra palabra, nos escuchan y nos hablan.
Es así que creemos que brindar desde nuestro movimiento una visión sobre lo que pasa en nuestro país, en nuestra ciudad y en nuestra provincia es importante. Es el primer paso para no ser indiferentes. También es nuestra “prueba de amor”, para todos aquellos que creen en la realpolitk. Nuestra “concesión” para sentarnos a hablar, nosotros bajamos la bandera primero. Como se debe, el que propone el dialogo.
Sería mucho más fácil para nosotros mantenernos al margen, más en un año electoral. Decir que todo es lo mismo y que mejor “ni vayas” a votar porque para qué. No son pocos los que creen que la autonomía es una distancia prudente. El “ni esto ni lo otro”. Sería más fácil y más cómodo. Calladitos. Sin hablar si nadie pregunta y ahorrarnos las “criticas” de todos lados que, se lo aseguramos, van a venir.
Pero esa postura tiene en principio un problema. Que no la creemos. Y nuestra ética y la de los territorios no nos los permitiría. No nos permitiría decir algo que de verdad no creemos. Ya se lo dijimos: nosotros no especulamos. Decimos lo que creemos, lo que sentimos y ya. A otra cosa.
Nosotros en los territorios, sabemos que no es todo lo mismo. Que quien esté arriba, en el gobierno, no da lo mismo para los territorios. Y eso que nuestra experiencia no es muy buena en este sentido. Una ciudad gobernada hace 12 años por el Partido Socialista y la vimos muy dura en los territorios. Sin embargo sabemos, y esperamos, que el peor intendente desde la vuelta de la democracia, haya sido ya lo peor del socialismo. Y no haya uno más peor, esperamos.
Pero esa misma experiencia negativa de tener un intendente absolutamente funcional al poder privado, también nos muestra (desde el reverso) que no todo es lo mismo.
No es lo mismo que cuando la policía (esa rancia cara descarada de la peor cara del estado) se lleva a compañeros presos solo por eso, por ser compañeros, exista alguien de ese estado que ponga un límite. Y los compañeros salgan al rato. No es lo mismo. Para nosotros, acá, en los territorios.
También sabemos, y no nos dejamos llevar por ningún amague de la coyuntura, de que igualmente la mayoría de las cosas se mantiene como están. Independientemente de quien este en el gobierno. El estatus quo suele ser lo que tienen en común los diferentes gobiernos, por mas diferentes que parezcan. Pero sí hay algo de esa cosa llamada estado que se modifica o que esos que se llaman gobernantes pueden administrar con algún grado de autonomía. Eso sólo, por más pequeño que sea, vale la pena defenderlo. No ser indiferente. Porque muchas veces, en esas pequeñeces se nos va la vida a nosotros acá, en los territorios. En esas cosas que definen allí arriba.
Por eso es que nuestra ética no nos permitiría decir cosas que no pensamos, o que sabemos que no son así. Tal vez es más fácil decirlo para un burócrata que hace política desde algún oscuro cuarto de oficinas. En los territorios pasan otras cosas.
Y esas cosas que pasan en donde nosotros vivimos, en los territorios, son las que nos hacen decir lo que decimos. Son las que nos hacen decir que no todos los que gobiernan son los mismos, pero también nos deja ver las diferencias de cada cual. Y, fundamentalmente, los limites de todos.
Pero como somos más generosos que otros, aunque no compartamos su política y nos indignemos con sus límites (en el mejor de los casos) igual creemos que hay que hablar. Porque hay muchas cosas en juego. Nuestra vida, y las de muchos otros, por ejemplo.
Aquí estamos, para decir los que nos parece. Lo que vemos en los territorios. Ofrecer nuestro prisma, que es todo lo que tenemos. Para que usted, si quiere, se asome a mirar.
Sobre nuestro país, nuestra ciudad y nuestra provincia: sobre un instrumento político.
Intentaremos aquí poner y proponer en palabras eso que sentimos cada vez que hay elecciones en nuestros territorios. Y eso que sentimos cada vez que nos encontramos con esos que gobiernan o sus políticas, también acá en los territorios.
No vamos aquí a contarles las historias de los punteros, de las rancias estructuras partidarias, etc. Porque son las cosas que ya saben y no creemos que mucho aporten. Son esas algunas de las razones por las cuales decidimos dejar de delegar el poder y asumir el destino en nuestras manos, vamos a mostrarle en cambio otros aprendizajes, que conviven con estos. Algo que quizá nunca escucho.
Luego de mucho debatir acá, llegamos a una conclusión.
Y estamos convencidos que en la medida que nosotros, los de acá abajo no podamos presentarle a la sociedad toda un instrumento superador a las actuales formas de democracia representativa-delegativa, o sea los partidos, debemos tener una gran responsabilidad a la hora de referirnos a esos procesos que no(s) son ajenos. Y como no estamos de acuerdo con la teoría de la hecatombe, mejor dicho, odiamos esa teoría que especula justamente con nosotros los de abajo, creemos que hay que tratar, en la medida de lo posible, de avanzar.
Decíamos antes que 2001 fue muchas cosas y entre otras una rebelión popular. Rebelión porque la rabia salía a las calles de a montes y por todos lados y popular porque lo hacía de diversos sectores. Pero de esa diversidad, de esa rebeldía múltiple no se logró construir un instrumento político que pudiera sintetizarlas. Hacerlas confluir en una alternativa real de poder.
Quedaron sí, un sinfín de organizaciones y experiencias. Aprendizajes históricos de los cuales debemos seguir aprendiendo. Incluso este movimiento se reivindica como hijo de aquellos. Pero si algo no logramos y sí lograron otros fue encontrar una salida. Otro camino posible.
Creemos que hoy, 10 años después los movimientos más por errores propios que por virtud del enemigo no tenemos esa alternativa, ese instrumento político superador para ofrecerle a la sociedad.
Hoy, marzo de 2001, en vísperas electorales no hay ningún instrumento político para ejercer el poder del estado nacional que sea una superación al kirchnerismo. Y por ende, debe continuar. Por ahora.
Duele, pero es así. Algunos dirán “pero hay otras opciones”. Es cierto, pero estamos hablando de un instrumento político que gobierne un país. Las “otras opciones”, llámese Proyecto Sur entre otros, ni siquiera juntan el numero de fiscales para controlar los votos, ni siquiera puede posicionar a su líder principal como presidenciable. Por ende, no puede considerarse un instrumento político, no puede considerarse una opción inmediata.
Duele, porque después de nada más y nada menos que diez años, podríamos tener aunque sea una discreta herramienta. Que no represente hoy una alternativa, pero que al menos sí confiemos que puede serlo en algunos años y exista una estrategia para ello. Pero no.
Por eso decimos que debemos tener responsabilidad. Y que debemos aportar a que no se retroceda. Y poder avanzar. Cada uno en sus territorios. Pero avanzar. Y si hay un marco de posibilidades mejor. Sabemos que Cristina Kirchner no va a hacer la revolución, pero hasta que no construyamos un instrumento que lo supere… que siga ella pues. No es muy complicado el razonamiento.
En la provincia de Santa Fe, más o menos lo mismo. No hay mucho más que dos opciones. El Frente para la Victoria o el Partido Socialista representan un no retroceder, con sus matices y grandes diferencias. Depende de usted cual le gusta más. Tampoco le vamos a decir que hacer.
Solo queremos con esto dar un marco de referencia. Con experiencias concretas de la política del día a día en los territorios. Usted sabrá en quien confiar, si confía en alguno. y si va a votar. Nosotros creemos que mejor que sigan estos y que no vuelvan los otros. Que en la nación no vuelva los radicales neoliberales ni los peronistas ultra neoliberales (porque lo peronista siempre es una exageración). Que no vuelvan los Duhalde, los De la Rúa a la nación. Que no vuelvan los Reutemann a la provincia. Eso sería retroceder. ¿Se entiende?
Por ende, si va a votar, hágalo más o menos por alguna de las opciones que representan un no retroceder.
Avanzar en un avance que seguramente no será el que quisiéramos y propondríamos, pero avance al fin. Y no estamos hablando aquí de la vieja dicotomía reforma-revolución. Sino de algo mucho más simple. Avanzar para no retroceder. Sin mezquindades políticas y asumiendo las contradicciones pero sin dejarse confundir. Nunca perder nuestro horizonte. Autónomo y revolucionario.
Como nuestra lucha no es contra gobiernos, entonces, no esta tan mal que sigan los que están ahora. Que en una relación dialéctica dan – damos marcos de posibilidad para que surjan determinadas nuevas cosas. Esos avances también dependen de nosotros.
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